Cine con buena letra

También la lluviaHe tardado más de lo que hubiera querido en ver la última película de Iciar Bollaín. Y espués de verla, me queda la sensación que la obra desperdicia una buena ocasión causar mucho ruido constructivo. Hay que reconocerle, de todos modos, que contiene una carga ideológica nada sutil. También que acierta a plantear varias de esas preguntas que muchos intentamos evitar.

¿Hasta que punto son responsables los españoles de lo que hicieron sus antepasados? ¿Es justificable el sentimiento de culpa?¿Es el arte la única vía de expiación? ¿Hay redención alguna?¿Tienen sentido alguno estas preguntas?

En También la lluvia un equipo de rodaje se presenta en Bolivia para hacer una película sobre la conquista de América. El valor artístico de la obra reside en su autenticidad: en el guion se incorporan documentos históricos, a Colón se le presenta como un depredador insaciable. Entre el equipo cunden las buenas intenciones de ensalzar a Montesinos y de las Casas. Sus actores les preguntan a los indígenas cómo se dice pan en quechua. Y sin enmbargo todo eso se derrumba cuando en el lugar del rodaje estallan las protestas por la privatización del suministro del agua. A poco que ven disturbios los miembros del equipo escapan para salvar su película y su pellejo sin plantearse en ningún momento el ayudar a sus compañeros de reparto. Tiene mucho jugo el hecho de que un director interesado en reflejar con sádica fidelidad los aspectos más crueles de aquella matanza, se desentienda por completo de los abusos que sufre la población indígena delante de sus ojos.

Tal vez ahí empiece a quedarse corta la película. En mi opinión falta valentía para abrir del todo la caja negra de la mala conciencia que todos arrastramos. En el momento más interesante de la trama, la obra hace mutis por el foro con un final de película de acción. Había ahí una ocasión fenomenal para adentrarnos en nuestros abismos existenciales. En asuntos como la identidad, la codicia, el arte. Por si había alguna duda, queda claro Icíar Bollaín no es Werner Herzog. Sus películas son entretenidas, están bien filmadas, tienen buenas interpretaciones y poseen un punto de valentía para poner sobre la mesa asuntos espinosos. Escasea, por desgracia, el arrojo para tomar algún riesgo, ya sea artístico o ideológico. Eso sí, También la lluvia resulta ideal para las aulas universitarias y los debates de cineclub.

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