Ficción: Las estrellas se alinean

Con el tiempo justo para llegar al trabajo sales de casa y descubres que ha caído una helada. Tardas 20 minutos en ser capaz de abrir alguna de las puertas de tu auto. Tardas 10 minutos más en arrancar el motor.

En un semáforo, el conductor de un SUV asomó su mano por la ventana con el dedo medio apuntando al cielo. Habías pisado el freno y no el gas cuando viste la luz amarilla.

En la oficina de correos, después de esperar diez minutos, no te han entregado una carta certificada porque en tu permiso de manejo no figuran los dos apellidos del destinatario. Tendrás que volver otro día con el pasaporte y el permiso.

En el Starbucks un joven con un arete en la aleta auricular te ha hecho repetir tres veces tu orden: un decaf tall latte. A la cuarta se da por enterado con las cejas arrugadas.

Camino a casa aprendes que estás invitado a cenar en casa de los suegros.

En casa te espera una visita inesperada. Una hermana política ha viajado a Chicago. No tenía por qué, pero te ha traído un detalle del restaurante que más le ha gustado.

Te preguntas: pero cómo? a quién? para qué?

Justicia poética. Tal vez.

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