En Contratiempo: En la balanza migratoria española la aguja vuelve a cambiar.

Para su número de feberero la gente entusiasta que está detrás de la revista Contratiempo me ofreció la oportunidad de escribir un reportaje sobre la situación migratoria española. Un asunto que curiosamente ya había aparecido parcialmente en estas geografías invisibles. Este reportaje me permitió charlar y entrevistar a gente bien interesante que me obligaron a repensar mi opinión sobre la emigración en este procelosos inicios de siglo XXI.

Tras años de cifras altísimas el número de llegadas de inmigrantes se ha estancado en España. En el otro lado de la balanza, cada vez más españoles viven en otro país. Sigue siendo miembro de la Unión Europea y de la Eurozona pero eso no impide que vuelva a ser un país emisor de emigrantes.

Ofina de empleo de Pamplona
Oficina pública de empleo de Pamplona

En julio los datos de la encuesta anual del Instituto Nacional de Estadística (INE) arrojaban un dato chocante. El saldo migratorio era negativo. Los españoles emigraban otra vez en números significativos. Se intentó matizar el impacto de la estadística señalando que parte de los que figuran como emigrantes son  descendientes de emigrantes españoles en otros países. Para ellos la salida es, en rigor, un regreso al país en el que se criaron. De todos modos, la elocuencia de este dato causó cierta perplejidad en parte de la opinión pública del país, que lo considera otro síntoma más de fragilidad. La inmigración, por otra parte, fue un asunto que apenas recibió atención en la campaña electoral de noviembre de 2011, en contraste con la prominencia que el asunto había alcanzado en las dos convocatorias anteriores.

Un modelo de inmigración consolidado.

El abogado José Antonio Moreno lleva más de una década trabajando en asuntos de inmigración en España y desde 1998 ocupa el cargo de asesor jurídico del sindicato Comisiones Obreras (CC. OO.), uno de los dos principales del país. Para él estamos ante un modelo de inmigración muy consolidado por su estrecha vinculación al mercado de trabajo. “Dos de cada cinco inmigrantes llevan más de cinco años. Ha habido un descenso radical de llegadas”. Este hecho desmonta lo que él define como “ideas mitológicas sobre la inmigración”. “Durante años hubo un intento de estigmatizar el fenómeno de la inmigración vinculándolo a la delincuencia. Se quiso hacer ver que era el marco legal el que facilitaba la llegada de extranjeros, cuando en realidad las personas venían porque sabían que iban a tener trabajo, ya fuera de forma legal o  en la economía sumergida. Ése era el verdadero efecto llamada”. Moreno apunta además otra razón para explicar la desaparición de la emigración del debate público: “Resulta obvio señalar que la economía y el paro son las principales preocupaciones de los españoles. Pero además hay que tener en cuenta que éstas elecciones han sido las primeras en las que ha podido votar un gran número de ciudadanos de origen rumano y latinoamericano, éstos últimos con una vía privilegiada de acceso a la ciudadanía. El Parido Popular (que acaba de acceder al gobierno) ha tenido que moderar su mensaje, sobre todo en Madrid, donde la mayor parte de los inmigrantes son de origen latinoamericano y europeo. En Cataluña, donde predomina la inmigración procedente de Asia y África sí que se centran más en ese asunto, sobre todo a nivel municipal”.

Moreno, por otro lado, considera un gran avance la ley de extranjería aprobada en 2009 tras un proceso de diálogo social entre el gobierno socialista de entonces, los sindicatos y la patronal. Más que el contenido, valora la carga de pedagogía social. “Tiene gran valor que en un contexto de desempleo tan alto gobierno y sindicatos se pongan de acuerdo en asumir como normal el fenómeno de la inmigración”.

Su optimismo, con todo, se diluye al hablar del nuevo gobierno de Mariano Rajoy, de cuyo organigrama desparece la Secretaría General de Inmigración y Emigración para integrar sus atribuciones dentro de diferentes ministerios. En su opinión, es un error estratégico no tener en cuenta la especificidad de la inmigración. Además, señala que España seguirá necesitando inmigrantes a no ser que cambie radicalmente su modelo de producción.

Los que se van.

Aunque no se trate de un fenómeno nuevo en la historia de España esta nueva oleada de emigrantes tiene sus propios signos de identidad. Gran parte de los que salen cuentan con títulos de educación superior. Los jóvenes nacidos y formados dentro de la etapa democrática han crecido con mayores horizontes que sus padres. Tienen mejor dominio de otros idiomas y sienten que pueden jugar en pie de igualdad con sus colegas europeos. Muchos se han beneficiado de becas Erasmus para estudiar en universidades de la Unión Europea y han tendido puentes con instituciones y personas de otros países. La emigración, así, no se siente como una opción profesional,  un periodo probablemente transitorio.

Xoán Pastoriza cumple con ese perfil. Con un diploma de educación superior en química bajo el brazo, emigró a Holanda hace cuatro años a causa de la falta de oportunidades profesionales en su Galicia natal. Pese a que no hablaba holandés, tardó cuatro meses en encontrar un trabajo relacionado con su formación. Ahora, es asistente de laboratorio de Eurofins Analitiko, en la frondosa localidad de Apeldoorn y considera muy improbable que jamás encuentre en su tierra un puesto de trabajo con condiciones parecidas. Pese a todo, no renuncia a volver. Siente injusto que el fruto de su esfuerzo y sus conocimientos beneficie sólo a su país de acogida, en el que, por otra parte, no se siente del todo integrado. Si consigue regresar, de todos modos, sabe que lo hará como una persona diferente: “acostumbrado al rigor y al alto nivel de organización de este país, sé que hay cosas a las que me va a costar adaptarme”.

El caso de Xoán no es único. Alberto Sánchez Gracia, el coordinador de emigración de CC. OO, señala que en los últimos dos años han salido cerca de 73.000 personas, en su mayoría en el tramo de edad de entre los 25 y los 44 años de edad. Se trata de una tendencia duradera y que tendrá consecuencias en la composición demográfica del país, puesto que un porcentaje muy cercano al 25 por ciento es menor de 16 años. Es decir, ya no es sólo el padre de familia el que marcha para enviar remesas. Ahora familias enteras levan anclas.

Los españoles de EE. UU.

A la hora de hablar de los españoles que residen en este país Juan José Núñez, el secretario general del Partido Popular (PP) en EE. UU., menciona dos grupos principales. Uno está formado por emigrantes que llevan más de 20 años y que se encuentran totalmente integrados y adaptados en el tejido social estadounidense sin perder sus raíces españolas. El otro lo componen profesionales jóvenes que vienen para trabajar en proyectos concretos y que cuentan con regresar a España o a otro destino internacional después de este periodo. El PP, que en noviembre ganó las elecciones generales con una apabullante mayoría absoluta, cuenta con una organización muy sólida en este país. A su último congreso trianual acudió el expresidente del gobierno José María Aznar. Además, cuentan con seis delegaciones en la Costa Este y California y esperan abrir otras en Tejas y Chicago. Según Núñez, esto se debe a la visión del actual presidente del gobierno Mariano Rajoy, que en 2009 nombró director del PP en el exterior a Alfredo Prada, exvicepresidente de la Comunidad de Madrid, demostrando el compromiso de su partido con los emigrantes españoles. A esta política de presencia en el extranjero se remite Núñez para responder a las críticas de los sindicatos y los partidos de la oposición: “En nuestro partido siempre ha pesado mucho la emigración. En el próximo congreso general que se celebrará en Sevilla en febrero habrá 70 compromisarios provenientes del extranjero. El gobierno va a racionalizar algunos recursos, no a recortarlos, pero eso no significa que empeoren los servicios consulares o que perdamos derechos los que estamos fuera”.

Núñez habla sin ambages del derecho a voto, una de las reivindicaciones sempiternas del colectivo emigrante. Resulta inaceptable que en las elecciones de noviembre pasado, la participación de los emigrantes no superara el 5 %. Los trámites para ejercer el derecho a voto son complicados y tan lento que a veces se invalida a si mismo. Es momento, dice incluso, de estudiar alternativas como el voto electrónico.

Es de esperar que en el futuro vayan ganando influencia. De participar en un porcentaje más alto, los  casi millón y medio de españoles que viven fuera del país podrían decidir el resultado de unas elecciones. Asumida la pérdida que supone la salida de profesionales jóvenes muy cualificados, se les empieza ahora a considerar un capital humano al que sacar partido. Una fuente de riqueza a la que hay que buscar la forma de canalizar.

Fotografía: Wikimedia Commons

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