Las dos orillas: 50/50 frente a Planta 4ª

File:Joseph Gordon-Levitt.JPG

Por azares de la cola de Netflix he visto una tras otra Planta 4ª y 50/50. Ambas abordan el drama del cáncer entre gente joven. El guión de ambas está escrito por personas con una relación personal con la dolencia. Ambas intentan conjugar elementos de humor con el drama de una vida en peligro demasiado pronto.

La elección del género

La película 50/50 sorprende apostando claramente por situar la película en el territorio de la comedia. La persona que padece cáncer cuenta con el apoyo moral de un colega con vocación de payasito. Puede que sean calculadas, pero también hay varias transgresiones de lo políticamente correcto: el protagonista y sobre todo su colega no dudan en utilizar el cáncer como un excusa para atraer a las chicas en los bares o para pedir marihuana medicinal que ambos consumen a placer.

Planta 4ª parte de un planteamiento más convencional: mezclar las sonrisas con las lágrimas para contar una historia que haga que el espectador se sienta mejor persona después de ver la obra. No faltan sus transgresiones de pequeña escala: los niños dicen palabrotas e incluso acosan sexualmente a una enferma. Dentro del microcosmos que es el hospital en el que viven acaban dependiendo más de sus amigos que de sus padres o doctores. Esto conduce a que entre ellos se forme una especie de jerarquía natural, un poco a la manera de The Lord of the Flies: hay un líder, rivalidades, personalidades conflictivas y conciliadoras.

Adecuación a las convenciones

Parte del éxito de gran número de las películas más aplaudidas por la crítica surge de la voluntad de forzar y estirar las convenciones del género en el que deciden situarse: Like Crazy desmonta convenciones de la película romántica, Shaun of the Dead, las de parodias de películas de zombis, Drive las películas de acción de los ochenta. 50/50 sigue esa fecunda senda, estableciendo una tensa relación entre madre e hijo y una relación sentimental fallida tras conocerse el diagnóstico. No existe, de todos modos una recreación en este factor, hay otras líneas argumentales siguen por lo tradicional: sí que acaba existiendo una historia romántica (aunque falte el beso), la relación entre madre e hijo acaba reforzándose. Derivas, con todo, que se perdonan por el cuidado en mantener a raya histriónica de cada escena. Así, dentro de la realidad que es esa ficción, el devenir que observamos acaba por parecernos natural.

En Planta 4ª vemos un planteamiento mucho más pegado a la convención. Hay varias escenas que dan en el clavo, sobre todo las que dan el protagonismo a Juan José Ballesta. Para el gusto cinematográfico actual, por desgracia, demasiadas escenas tienen demasiadas palabras y las moralejas de cada escena acaban resultando evidentes. Hay que valorar la voluntad de no complicar al espectador innecesariamente, pero para el paladar actual, la fórmula resulta demasiado básica. Nada hay que sorprenda. Cuando vemos casi al principio que los jóvenes pacientes bromean con un conserje sobre Estopa, sabemos que en algún momento de la película este dúo va a acabar apareciendo.

La realidad de verdad y la realidad dentro de la ficción.

Trasladar la realidad a una ficción no es un ejercicio tan fácil como pueda parecer. Hay que recrear una atmósfera, crear un contexto alrededor de los hechos reales que los haga creíbles dentro de ese embuste que por fuerza es toda película. Yo lo comparo con el ejercicio de meter un barco de miniatura en una botella: para lograr el milagro absolutamente todas las partes de la nave tienen que estar en la escala correcta y después obrar el prodigio de pasarlo todo por el agujerito y desplegarlo. El hecho de que algo te haya pasado en la vida real, no equivale automáticamente a que vaya a crear el efecto deseado dentro de la película.

En Planta 4ª, hay varias escenas que cuesta entender precisamente por que el contexto en el que se producen no permiten comprenderlas. 50/50 hace un trabajo mucho más fino. Con pocas palabras, el espectador consigue conocer el por qué del proceder de cada personaje. Un ejercicio de extrema precisión, que dice sin contar y deja espacio para que el espectador se forme sus propias impresiones.

Intercambio de papeles.

Se suele decir que las películas estadounidenses asumen menos riesgos que las europeas, pero la comparación de estas dos obras nos deja ver que ambas pulsiones hacia y en contra de la conformidad existen en cualquier tipo de cinematografía (asumiendo que a estas alturas tenga sentido hablar de cinematografías nacionales o geográficas). En todo caso, las dos tienen su cuota de éxito con respecto a los horizontes que se marcan.

Fotografía: Wikimedia Commons.

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