Las dos orillas: Il est plus facile pour un chameau frente a Please Give

Please Give

Puede que en algún momento de la historia cambie la situación, pero se me hace difícil que algún día sean frecuentes las películas en español sobre lo difícil que es estar podrido de dinero. El asunto me parece más de filiación francesa, cuyo cine siempre ha parecido más interesado en las dificultades existenciales. En Estados Unidos, por otra parte, el cine ha empezado a redundar en las inseguridades y luchas de la clase media-alta para mantener su acomodado estatus. Desde las perspectivas de sus distintos géneros, las películas The Kids Are All Right, Take Shelter, e incluso las series Weeds y Braking Bad ponen la lupa de alguna u otra forma en la difícil lucha por mantener un estilo de vida acomodado, por lograr un sentido de seguridad.

Il est plus facile pour un chameau y Please Give se distinguen por carecer siquiera de la mínima sombra de peligro. En ambos casos, las mujeres protagonistas poseen abundantes cuentas corrientes y no hay nada que indique que sus fondos corran peligro de agotarse. Bien es cierto que en la película americana, Amanda, la anticuaria que representa Katherine Keener, tiene que trabajar para ganar su buen dinero, pero vemos también que se le da tan bien ganarlo, que apenas supone esfuerzo alguno. Le invade, con todo, el complejo de culpa de amplio alcance: por la gente de la que compra muebles y por indigentes y personas que no se pueden valer por si mismas. Un complejo de culpa, por otra parte, totalmente injustificado, tal como se muestra cuando devuelve un jarrón a un cliente alegando que valía mucho más de lo que había previsto y éste apenas le agradece el gesto.

Con razón o sin ella, Federica, la joven millonaria que encarna Valeria Bruni, también padece ese complejo. Pero se trata de un sentimiento menos concreto, más huidizo. No se siente culpable por poder permitirse todos los lujos que le apetezcan, sino por no ser feliz del todo. La mujer siente un vacío en su vida que no sabe cómo llenar y que la desorienta hasta el punto de que acaba por acudir a la confesión de un bisoño sacerdote que le recuerda lo que dejó dicho Marcos: “Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de los cielos”. Proverbio que la ilusa Federica imagina como un garañón intentando pasar por el agujero de una aguja de coser. Desde su infantilizada cosmovisión, los trabajadores, los proletarios, son seres tan ajenos que los percibe casi como una especie aparte. Eso sí, los ve con tal ímproba curiosidad que acaba convirtiéndolos en fetiche. Un giro, que con pereza podemos tachar de muy francés, pero que pese a todo, causa dentro de la película una perplejidad del todo estimulante.

Para los que vivimos con el dinero justo de mes a mes, asistir a los problemas de estos desahogados nos deja tan boquiabiertos como un niño que ve cocodrilos por primera vez. Ambas películas tratan de saciar ese hambre voyeur que tan bien supo identificar el maestro Hitchcock. En ambas, también se aprecian toques estilísticos herederos de la nouvelle vague: la renuncia a platós y decorados, el interés en los males psicológicos, el interés por la doble vida interior. Hay momentos en ambas, que recuerdan incluso a Rohmer por la meticulosidad con que se intenta reproducir la vida tal como se supone que es: sin artificios, sin problemas que se solucionan con una única frase palmaria o un golpe de suerte. Il est plus facile… se toma más libertades formales y apuesta más decididamente por la comedia, aunque su peculiarísimo sentido del humor esté pensado para todos los públicos. Please Give, ofrece un arco narrativo más convencional, sin por ello dejar de ofrecer alicientes para su disfrute: los actores son fantásticos y cada escena tiene su sentido. En todo caso, dos obras notables aunque –reconozcámoslo–, pertenecen a la misma estirpe que las sagas mediáticas de Paris Hilton y las hermanas Kardashian, aunque se sitúen en el otro extremo del espectro y sus partidarios nos creamos que tenemos un sofisticadísimo paladar fílmico.

Il est plus facile pour un chameau

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