Basado en hechos reales.

En una lúcida columna Eduardo Mendoza situaba al cine en la esfera de la industria, con una relación si acaso tangencial con la del arte. La noticia que recogía el impagable sitio web Politico parece querer cargarlo de razón, al confirmar la sospechosa anuencia y colaboración  de la CIA con Mark Boal y Kathryn Bigelow para la creación de su próxima producción Zero Dark Thirty.

Tal vez confiados en el éxito que alcanzó En tierra hostil, con su sutil ensalzamiento de una unidad de desactivación de explosivos, a los mandamases de la CIA les pareció sensato conceder salvoconducto a espacios de acceso áltamente restringido. Todo por qué? Por el bien de las artes, se supone.

Las actas de la reunión que Politico ofrece son una lectura amena, y material muy valioso para guionistas afilados. Porque después de conocer el incidente, a mi ya no sólo me interesa Zero Dark Thirty, sino también una película (soñemos) dirigida por John Sayles, a poder ser con guión de Aaron Sorkin, o mejor, de David Mamet (soñar es gratis) sobre el recorrido menguante que lleva del campo de batalla al fotograma. Concedámosle a Mendoza la hipotética ausencia de valor artístico, pero reconzcámosle al cine, por lo menos, su inagotable capacidad de entretener.

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