¿Me pone un Pau Gasol? Poco cargado, por favor

Márk Sánchez

¿Andrés Mercado o Mark Sánchez? Tal vez Sergio Bonilla. El banco de semen Cryobank ayuda a sus posibles clientes a seleccionar su donante en función de un hipotético parecido a un personaje famoso. Los más exigentes, eso sí, pueden utilizar otros  parámetros de búsqueda igualmente relevantes: el color de cabello u ojos, tipo sanguíneo, nivel de estudios, la religión.

Estos establecimientos reproductivos han pasado de una discreta semiclandestinidad al despreocupado exhibicionismo. Un proceso similar al que han experimentado las perreras en este país. Hay que asumir y aceptar que, al igual que existe quien prefiere los toy terriers a los Chihuahuas, abundarán las personas a las que en el momento de elegir el padre genético de su descendencia les importa que se parezca más a Tim Tebow que a Tom Brady. La extensa lista de famosos, con todo, también deja espacio para la confusión. Para empezar, no se comprende la etiqueta “joven” que acompaña a varios especímenes. Cuando se lee, por ejemplo, Tom Hanks (young), debemos entender que el hipotético hijo se parecerá a Tom Hanks sólo mientras sea joven, o que durante toda su vida se parecerá al actor en el momento exacto en el que éste deleitaba con obras impagables como Despedida de soltero? Para continuar, desconcierta un tantito que cuando uno elige a Sean Penn, el espécimen también albergue también parecido con David Copperfield. ¿Se imaginan las reclamaciones? “Oiga, yo he pedido a Ryan Gosling y lo que me han dado es un Ricky Gervaise! No hay derecho.”

Mario Vargas Llosa

Además de la generosidad con la que atribuyen parecidos, también me alarman ciertos detalles sobre la confección de la lista. Clama al cielo la ausencia, no ya de políticos (eso se entiende), sino de escritores en concreto, y de intelectuales en general. Y eso raya con la injusticia. Acaso no tienen su mérito la apostura de un Paul Auster? No habrá nadie en este mundo retorcido cuya libido reaccione ante la prestancia de Vargas Llosa? Además, la lista denota un cortoplacismo aplastante. Con qué cara le explicará la madre a su hijo de diez años que su progenitor se parece a un tal Wilmer Valderrama? Pobres.

Aunque bien pensado, para qué preocuparse. En los Starbucks hay quien sabe decir sin perder el aliento: “Me pone un tall-chai-latte con dos shots de sugar-free vanilla syrup?” La presente, no parece más que una deriva lógica. Entre eso y poder decir: “póngame un Rafa Márquez rubio, con estudios superiores en ingeniería y de religión judía pero no practicante”, median escasas pulgadas. En estos tiempos de hiperdesarrollo tecnológico y crisis financiera selectiva está claro que cada vez hay menos imposibles. La distancia entre la insatisfacción y lo deseado nomás que se mide en dólares.

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