Alerta: nos casamos

No ocurrirán hasta abril, septiembre y octubre, pero hace meses ya que los avisos de boda cubren las puerta de mi refrigerador.

Uno dice Game on y viene con fotografía de los prometidos en ropa deportiva. Otro, hecho con material magnético, tiene forma de dos piezas de puzle que. El último dice we’re getting hitched. En la temporada anterior recibí otro con escudo heráldico diseñado para la ocasión (pierdo la cuenta de los niveles de ironía de la pieza).

Cada vez que recibo un save the date me pongo a buscar alguna razón para no asistir al convite. Al menos tengo tiempo para prepararme la excusa.

Pero es difícil, no crean. Cuesta no reconocer con el peaje de tu presencia el esfuerzo mental y psicológico de poner en pie una superproducción como una boda.

Se trata de un ejemplo de transmigración de los ritos.

Pienso, en una columna del escritor catalán Quim Monzó en la que hablaba de cómo las vocaciones se habían adaptado a los tiempos. Citaba el ejemplo de los voluntarios de organizaciones seculares. En otros tiempos se habrían hecho misioneros. Ahora, podían servir a los demás sin (y creo que éstas eran sus palabras): “el engorro del celibato”.

Ese era el preámbulo del caso en el que se quería concentrar: el de los peatones de cualquier edad, credo y estado físico que cruzan la calzada en cualquier lugar e instante, en palmario desprecio de cualquier instinto de supervivencia. En otras circunstancias y mayores facilidades hubieran sido toreros.

Era tan chistosa la columna que se me quedó en la memoria. Y ahora me sirve para explicarme a mi mismo el fenómeno de los save the dates originales como un espacio conquistado por esta nueva concepción de la boda como performance artística en la que se plasman la creatividad y la personalidad únicas de los prometidos.

Tiene sentido: cada vez más cuando se llega al matrimonio muchos han sido ya los años de noviazgo y varios los de convivencia. A qué vale pasar por el templo?

Ya sabemos que los contratos están para romperlos y ni siquiera la Casa Blanca respeta sus propios plazos.

Así pues, los ya consuetudinarios dos meses de salario que hay que gastarse en el anillo y celebraciones con eslogan, colores, temas, coreografías, y fiestas colaterlaes  fungen como señal de que sí, de que pasado el trago se amarán y respetarán, también en lo próspero y la salud.

Dónde se establecerá la próxima vanguardia? Que no me toque enterarme.

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