El pasillo de los mancos

CapturePara acudir a la chamba todos los días he de tomar varias carreteras de dos carriles, uno en cada sentido. Una estrecha hilera de asfalto entre pasto y campos de maiz. Conmuto con otros muchos conurbanitas. Quiero decir, la mayoría de ellos vuelven cuando yo voy, y viceversa. Una suerte. En el radio pongo mis podcasts semanales (On the media, Hang Up and Listen, Radio Ambulante, This American Life), controlo la temperatura y manejo a la velocidad que me apetece. Hay cuatro semáforos entre origen y destino. Solo que día a día cruzo mi camino con una ominosa armada de  conductores mancos. Una guerrilla democrática en la que he visto algún chavito, pero en la que abundan adultos en troquitas y suvs que manejan con el celular pegado a la oreja y la mirada perdida. Me hiela la sangre que mi vida dependa de una llamada a la baby sitter, al jardinero, al restaurante para ordenar takeout. Pero qué he de hacer? Cada vez agarro más recio el volante y envío mis ruegos a las fuerzas paganas para que me protejan y no dejen terminar mis días volteado en una cuneta, o peor.

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