Everybody Wants Some!!

Fueron dosLinklater2014 semanas después de su estreno oficial, pero en cuanto pude, fui a ver Everybody Wants Some!!, (!?). En estos tiempos en que adultos con carro, familia e hipoteca acuden al cine con urgencia adolescente ataviados de parafernalia de cualquiera de las últimas sagas (la de los anillos, la de las galaxias, la del hambre, la de superhéroes con dudas existenciales), he de hacerme fanático de alguien, aunque solo sea por mimetismo. Y bien, puestos a ser devoto cerril de alguien, why not Richard Linklater; alguien que hace películas de apariencia tan sencilla que hasta parece que yo pudiera escribirlas, sin despegar mi latte de la mano mala. Hice bien en darme prisa, puesto que era viernes noche y debíamos ser no más de treinta en la sala.

Le leí a alguien algo así como que la magia de las películas de Linklater radicaba en que representan no tanto los hechos, sino su recuerdo. Esta película posee esa textura onírica que dota a la peripecia el beneficio de incumplir la verosimilitud y le concede la coartada de registrar las victorias, las risas, los besos sin la farragosa obligación, tan francesa (tan indie), de señalar también lo grotesco e incluso lo anodino. Cuando los muchachos del equipo de beisbol se suben al carro y llegan cantando al dorm en busca de chavas, se encuentran con un rechazo tajante, mas la secuencia sigue para que uno de ellos pueda ver el número del cuarto de la joven que mostró algo de interés por él. Se entreabre asi una puerta argumental que se abrirá en el tercio final. No se preocupen, no adelanto nada. En Everybody Wants Some!! ese algo que todos quieren no es placer sexual, sino conexión emocional. Quiero decir, que el goce de la obra surge del viaje, no de la llegada al destino. Tal vez por eso, no se palpa una voluntad prescriptiva. Estos jóvenes, toman bien recio, fuman casi tanto y manejan carros a los que en cualquier otra parte del mundo sólo acceden los privilegiados. Jamás han trabajado, pero, obviamente, nadie se para a cuestionar su opulencia. Sí que existen dudas sobre el sentido de pertenencia grupal y la voluntad de expresar individualidad. Allá donde salen juntos se comportan en función de lo que se encuentran. Todos igual, pero también, cada cual busca su forma de encontrarse cómodo con sí mismo. Un asunto interesante pocas veces explorado con tan deliciosa sutileza. Una tensión de grupo contra individuo que en cierta medida reproduce la película en cuanto a su tono: ¿es sátira o pseudodocumental? ¿National lampoon o Eric Rohmer? Poco me importaría este asunto si no me llevara a preguntarme qué tanto de lo que me gustó de Everbody viene de su renuncia a los tópicos y estreotipos que abundan en esas películas de trazo grueso sobre adolescentes en campus universitarios. En último caso, es una pregunta baladí: lo importante ha de ser la experiencia. Pese a su extraño título, pese a secuencias iniciales con pátina misoginoide, la película de Richard Linklater, termina por cumplir con el deber de toda película  un viernes noche cualquiera en la conurbanización: pasar un buen rato.

 

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